jueves, 21 de enero de 2010

Se busca maestro


Advertencia: La búsqueda espiritual puede ejercerse de diferentes maneras y bajo la guía de cualquier maestro que se considere idóneo. El presente texto no pretende hacer un juicio formal ni deslegitimar algunas creencias o religiones, ni exhorta al lector a que abandone su propia búsqueda. Tan solo describe una experiencia personal.

Desde hace un tiempo, creo que a partir del famoso apogeo de la “new age”, he estado buscando un maestro, un guía espiritual que me muestre el camino a mi autorrealización. Lo he buscado en los libros como la Biblia, el Bhagavad-gita, el Corán, etc.; en los parques donde abundan profetas y patriarcas, unos más desconectados de la realidad que otros; en las grandes catedrales y pequeñas parroquias; En los púlpitos y círculos sociales; en los rincones mas iluminados y oscuros de Internet; En el cielo y la tierra. Y ha sido una búsqueda infructuosa, puesto que o no estoy preparado o el maestro no me quiere recibir en su santuario.

Pero no me resigno a quedar huérfano de maestro espiritual en un mundo material. Y eso que he tenido grandes decepciones. De tradición familiar cristiana, católica, apostólica y romana, recurrí en primer lugar a lo que tenia a la mano, un cura común y silvestre. El ministro de Dios me exhortó a llevar una vida conforme a los mandamientos, siempre en búsqueda de Dios y de su infinito amor, así podría llegar a la santidad. Pero había un problema: soy bastante hedonista y me resisto a evitar los placeres de la vida y llevar una vida de penitencia y comunión. Tal vez más adelante como lo hizo San Agustín, pudiera “abrazar la cruz”, pero por el momento, no.

Luego recurrí a la prometedora vida del Hare Krishna, es decir, ceñirme al hinduismo. Mis respetos a los adeptos y seguidores de tal religión y estilo de vida, puesto que es bastante radical. Aunque tienen definido el concepto de maestro espiritual, el yoga es un buen sistema para meditar, y se ciñen a una serie de reglas para alcanzar la meta suprema de la vida, tienen una gran contra para mi: son vegetarianos. Tienen una teoría bien interesante sobre su dieta que vale la pena observar, sin embargo, no cambio mi churrasco por nada. A pesar de no ser un argumento de peso para abandonar tal camino, habían otras objeciones que encontraba insalvables.

Mas adelante, conocí un maestro budista que me demostró en términos mortales, la vida ascética rumbo a la iluminación. Fascinante modo de contemplar la naturaleza del hombre y su entorno, suficiente equilibrio entre los actos y el pensamiento. Pero de nuevo me albergaba un aura de impaciencia y de espera de algo más “terrenal”, más cercano a mi experiencia como terrícola, triste engaño propio, debido a las sobradas razones.

Hasta entonces sigo en la búsqueda. A veces me refugio en mis maestros menores (Mario Benedetti, José Saramago, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, Alvaro Mutis, Gonzalo Arango, Juan Gelman, Astor Piazzolla, Gioconda Belli Chopin, Mozart, Beethoven, etc.), quienes son y fueron muy terrenales, es de anotar, bueno algunos llegaron a cierto estado de nirvana en su arte, otros por lo contrario fueron condenados a priori por los hombres. Por lo pronto se acercan a mi ideario. No por eso me separaré de mi espiritualidad, seguiré buscando, tal vez encuentre a algún maestro que se compadezca de este pequeño saltamontes.

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