
Mientras que en algunas partes del mundo sufren las inclemencias de la naturaleza, en otras el hambre física impera. Y no solo hablo de Haití o de la tristemente fotogénica “África pobre”, sino también de los lugares en Colombia en donde las personas descalzas y de a pié, gracias a las maravillosas “estrategias económicas” de este nefasto Gobierno. Los pobres son los que mas sufren el hambre, son los partidarios obligados de las migajas que reparten (como una campaña proselitista mas?) los programas del Estado, y otras vituperadas ONG’s.
Pero veamos el asunto desde otro ángulo. ¿Acaso una meta de la tan cacareada globalización era subsanar los problemas de alimentación del mundo?, en la practica hemos visto que lo que realmente trajo este fenómeno ha sido solamente un fortalecimiento de los bloques capitalistas poderosos, de la economía desaforada que beneficia a unos cuantos y muy oscuros personajes.
En Colombia actualmente es un lujo una nutrición adecuada. Peor aun si se quiere hacer malabares con los pocos pesos que deja el salario mínimo y las migajas que representan su incremento para este año. Poco a poco vemos cómo la economía colombiana se va hundiendo a tal punto de semejarse a la de países pobres de Asia y África (De ahí que se tomen políticas que fracasaron en estos países?). La concentración de la pobreza en millares y la riqueza en unos cuantos solo reitera y acata las medidas que imponen los grandes “entes reguladores” económicos mundiales.
En lugares del mundo como Singapur, esclavizan a la gente por un sueldo ínfimo, con el cual compran (o la misma corporación les vende) casi menos de lo mínimo para no morirse literalmente de hambre, mientras ven pasar los cargamentos de alimentos prefabricados y con quien sabe cuantos ingredientes trasgénicos y manipulados por el monopolio de las corporaciones agrícolas. Y ya en los mercados colombianos los podemos comprar a un precio cómodo para el consumidor. Entonces la variedad de sabores que nos brinda la sopa global hace parte ahora de la mesa colombiana, junto con la bienestarina y los enlatados rancios de US AID. Lo triste es que muchos sectores no tienen otra alternativa, tienen que alimentarse mal o bien o simplemente sucumbir. Desplazados por la violencia; desplazados por las políticas económicas; desplazados del campo por la sustitución de cultivos tradicionales y de la concentración de la tierra; desempleados desplazados por las monstruosas multinacionales; la lista sigue y sigue y van creciendo las estadísticas que ya pronto no se podrán amañar ni maquillar más.
Y esto avanza gracias también a la llamada “confianza inversionista” que no es más sino otra política neoliberal del gobierno, quien pone sus esperanzas en un paradigma insostenible e inviable, como el futuro que nos espera. Esto se ha vuelto evidente ya, no tenemos nada que envidiarles a los países pobres.
La esperanza que nos queda entonces es el considerar que estos monstruos llamados globalización y capitalismo, tarde que temprano tendrán que colapsar. En muchos lugares se ha visto los desastres que le hacen a la economía local y las promesas que ofrecieron inicialmente ya no tienen sostén alguno. Y nuestra Colombia querida tendrá que recurrir al ingenio de sus gentes y a su capacidad de trabajo para empezar de nuevo de cero y salir adelante.

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