jueves, 4 de febrero de 2010

Efecto placebo


Tan simple como acabar con las esperanzas de vida de un paciente. Esa es la nueva política del Ministerio de la (des)Protección Social, el cual, no contento con lo desastrosa que ha sido la ejecución de la nefasta ley 100, ahora impone decretos en forma categórica, sin contar primero con la voz de los afectados y del personal médico. De nada le sirve al paciente en extremo paciente, valga el pleonasmo, en demostrar claros síntomas de dolor, de agonía en su cuerpo diezmado por una enfermedad feroz que no se puede controlar con “paliativos”. No vale siquiera los reclamos insistentes hasta el cansancio de miles de usuarios a las afueras de las IPS para recibir un trato digno y con un mínimo de humanidad en estas “empresas” de la salud. La gente tiene que aguantarse con lo que hay y hasta con menos.

El sistema de salud en Colombia se ha convertido en un “chicharrón” para el gobierno de turno o permanente, a partir de la ley 100 de 1993, que prometía ser la panacea para curar todos los problemas orgánicos. Diecisiete años después se ha demostrado que solo ha servido para agravar la situación. No parece justo y válido expedir decretos de “remiendo” para paliar la situación. El gobierno no reconoce que la salud como muchas otros bienes sociales la han vendido y cambiado con los poderosos a cambio de respaldo y servicios mediocres tendiendo a pésimos.

He podido vivir en carne propia la situación, ya que he estado tanto en el régimen contributivo como en el subsidiado. Y no he notado la diferencia salvo en el aviso, puesto que siempre ha sido un mal servicio. Siempre hay dos desventajas respecto a una sola ventaja. Así que no ha sido un cambio brusco mutar de una a otra entidad y observar cómo muchos profesionales de la salud tienen las manos atadas a cuerdas invisibles manipuladas por las industrias farmacéuticas y el conglomerado de poderosos dueños de las cientos de clínicas y hospitales que existen en el país.

Esperas interminables en colas estáticas, líneas de atención al usuario que nunca funcionan, médicos inhumanos, medicinas insuficientes, tratamientos no cubiertos y costosos, la lista de falencias y agravios es grande y es un grito de angustia al unísono entre los pacientes colombianos. Y es un problema grave, tanto como una enfermedad terminal, contra la cual siguen luchando de forma inadecuada. El país prometía salir de esta crisis hace años junto con otros como Chile. Ahora el vecino austral se recupera con medidas que van directamente a la población. Ya se sabe que la calidad de vida de un grupo social está en el nivel de expectativa de vida y de salud que tienen sus miembros, que el Estado brinde protección y prevención ante epidemias y pandemias, etc. Pero en Colombia nos dejamos “embolatar” con cualquier arreglo y como cualquier otra estrategia neoliberal, se le deja el problema a las empresas privadas.

El problema para los responsables puede ser que la gente de a pie y del común se este quejando continuamente, y le hagan zumbar los oídos. Estos para apaciguar las masas descontentas y enfermizas apelan a lo que tengan a la mano. A veces pasan por encima de identidades como la academia, la cual es actor crítico del proceso. Entonces, ¿Se están preparando personal humano para atender humanos o solo se pretende formar legiones de verdugos que cumplan la misión de prolongar la agonía, el dolor y la desesperación del paciente?

Esta problemática como muchas otras tiene un pronóstico de futuro colapso. Pero igual nada se puede esperar de vernos posiblemente reflejados en modelos tan desproporcionados como el sistema de salud estadounidense, el cual también tiene en tela de juicio a sus dirigentes. Mientras tanto, aquí se aplica el conocido efecto placebo, para ver si el paciente se traga la mentira de que está tomando la cura de todos sus males. Ya veremos si mañana amanece vivo.

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El reciente informe de la organización Human Rights Watch sobre la presencia paramilitar en Colombia, deja en entredicho la acción del gobierno sobre estos grupos armados. En otras ocasiones se ha cuestionado esta transigencia y el informe solo es otra evidencia de las sombras siniestras que rodean al inquilino de la casa de Nari.

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Brillante debate realizado en la Tadeo Lozano. Una muestra de que aún se puede analizar y discutir la gestión del presidente en su ejercicio del poder y todas las controversias que ha originado su mandato, tanto por sus políticas particulares como el desempeño de los miembros de su gabinete, quienes se han visto involucrados en graves imputaciones y hechos que solo han dado para la indignación y la impunidad. Excelentes réplicas de Claudia Lopez, a quien admiro por tener el valor suficiente para enfrentar a Uribe y replicar su discurso.

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