miércoles, 3 de febrero de 2010

El gato y yo


Me gusta la personalidad de los gatos. Estos felinos domésticos tienen un no se qué que me atrae y me divierte. Soy un fanático (políticamente correcto) más de estos animalitos. Desde que tengo conocimiento, siempre he tenido la compañía de un gato. Sea propio o ajeno, sea silvestre o doméstico. Los he sabido defender de sus enemigos naturales (los perros, valga la referencia). Les he puesto nombres extraños, como los que le ponen a los gatos elitistas de pedigrí (mi gata actual se llama Hancock’s lady Cantaloupe Island, en honor a Herbie Hancock y su música). A veces me he portado indiferente y hostil con ellos en ciertos momentos, lo reconozco, pero he sabido apreciarlos como lo que son: un animal doméstico excepcional que merece respeto, cariño, atención y cuidados.

La vida del hombre ha estado rodeada de estos animalitos desde tiempos antiguos. Han llegado a ser divinizados como ocurrió en Egipto antiguo, y posteriormente satanizados en la edad media por sus “misteriosas” costumbres nocturnas. Aunque actualmente no es tan popular como el perro, tienen muchas ventajas frente a estos, como la de ser más limpios y menos destructores que estos. Además de su ternura y una permanente disposición lúdica, Poseen cierto grado de dignidad y un poco de “arrogancia felina” que no los deja ser demasiados sumisos. Sus orígenes e influencias salvajes lo dotan de una forma de espíritu libre.

Han sido testigos y protagonistas principales de muchas historias y leyendas, incluyendo ficciones y fantasías animadas de todo tipo. Han sido populares en medios como la literatura en el gato con botas; el arte plástico como el gato de una pintura de Rosseau; el cine de Disney con los aristogatos, o humanizado en una sensual gatubela; la televisión con el gato Tom, y Silvestre por el otro lado; el bolso mágico de felix el gato; y las historietas populares de Garfield. Ya que alguno sea alérgico o poco simpatizante, siempre tendrá un buen recuerdo de un gato héroe o villano.

Un tema que me ha inquietado bastante de la vida del felis silvestres catus es su sexualidad reproductiva. En este aspecto el gato conserva sus instintos más salvajes, ya que cuando se encuentra en celo y bajo el cobijo de la noche, se comporta de una manera escandalosa, impúdica, cómo si el vecindario entero le perteneciera a sus anchas para su combate sexual. Digo combate porque los machos compiten por la hembra, y posteriormente el vencedor tiene que luchar, exhausto ya, por copular con esta, la cual se muestra realmente agresiva para consumar el acto. Los maullidos de agresividad, de dolor o del producto de la unión pueden hacer despertar y desconcertar a una cuadra entera. Esta suele ser una de las causales del odio trivial al que se hacen acreedores los mininos. A mi parecer sigue siendo una etapa de la vida gatuna llena de un derroche de energía y de instinto puro. Recuerdo un libro del maestro Fernando González llamado Salomé en la que el sabio describía su propia vida contrastada con la vida de su gata que tenía el nombre de la obra, y la cual contaba las peripecias de la mascota incluyendo entre otras cosas una detallada descripción de sus furtivos encuentros reproductivos. La verdad tengo serias dudas de que tales actos sean meramente para la preservación y descendencia de la especie, y no he encontrado literatura científica que refute que los gatos no sientan placer en ese momento. Lo que si me ha quedado claro es que el amor gatuno es bastante salvaje y doloroso.

Instintivo, salvaje, tierno, juguetón, héroe, dios, demonio, villano, el gato siempre ha causado diferentes reacciones en el hombre. La huella de su garra ha quedado en la impronta de la historia como uno de los animales mas curiosos de la naturaleza. Es un animal que siempre está ahí, en un callejón jugando a su antiguo juego del gato y el ratón, en la sala de una casa jugando con una bola de estambre, y quizás en la noche, con sus duelos amatorios. Es un felino en miniatura que no le tiene nada que envidiar a sus primos grandes. Un animal con personalidad y espíritu libre. Y por eso es que me encantan.

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