
Estoy desempleado desde hace más de dos años. Ya a estas alturas no debería ni siquiera considerarme bajo este talante, puesto que para la economía local y nacional soy un cesante, un “parásito” mas del sistema y quizás de mi familia, quien pacientemente y con un mutismo en cierto modo cómplice espera que de por Dios y al fin encuentre de nuevo un trabajo.
Y no es que no quiera trabajar. Como decía Séneca en alguno de sus textos “el trabajo es conseguirlo”. A pesar de que tengo el tiempo en mi contra, tengo un pero casi insalvable en la situación actual en el país: me resisto a tener un trabajo que no sea digno. Así de sencillo. No quiero vender mi tiempo y mi producción físico-intelectual a un empresario que me esclavice bajo condiciones odiosas e injustas.
Pero lo que hay es lo que hay y si no te gusta… Contratos basura abundan en el mercado, trabajos temporales por día, hora o artículo, trabajos en los que te sacan cuotas para cooperativas abusivas, condiciones inadecuadas de freelance y otras frioleras por el estilo. Entonces a veces me martilla la conciencia considerando venderme o no a cualquier precio, pero sigo manteniéndome firme y digno, tal vez mientras las circunstancias lo permitan.
De vez en cuando aparecen en el mercado laboral vacantes afines a mi experiencia y nivel educativo. Entonces empieza otra lucha: la pugna contra los “recomendados”, los “supersabios” y las minifaldas. Muchas historias de tales luchas me han acontecido en los procesos de selección. La mayoría las he perdido por obvias razones. La idiosincrasia colombiana no ha permitido aun que se destierren las preferencias, ni lo ha logrado tampoco la llamada “meritocracia”. Aquí el que pida menos o se regale mas gana.
Sin olvidar las detestables y re-contra-odiadas pruebas psicotécnicas. Nunca he estado de acuerdo en medir la personalidad de un individuo con un potaje de preguntas ambiguas, o unos cuantos dibujos a mano alzada. Respeto la psicología y sus técnicas pero en verdad me parece que esta no es la forma de seleccionar un personal apto para la labor encomendada. Si yo llegase algún día a tener una empresa de mi propiedad nunca recurriría a estas técnicas tan modernamente utilizadas. Nada como la sinceridad que se expresa en el rostro de una persona.
Recuerdo una película llamada “el método” en la que para un proceso de selección de una gran empresa, utilizaba un sistema militar. Llegaban a manipular los candidatos a tal punto de hacerlos enfrentar emocionalmente entre ellos mismos. Recomiendo el verla, me parece que abordan situaciones críticas de tal faceta en la vida social. El ambiente laboral es como una isla Galápagos en miniatura, donde sobrevive el mas apto, o quizás el mas astuto.
Volviendo al asunto de este texto, para mi no ha sido fácil mantenerme en estos dos años sin devengar un solo peso por mi trabajo. He tenido que recurrir al amparo familiar, y eso es algo que no deja de incomodarme, puesto que en mi último empleo estaba a punto de independizarme del núcleo familiar, lo cual seria lo ideal en estos momentos. En España no es raro ver muchas personas jóvenes que terminan siendo mantenidos por el “hotel mama y papa”, hasta ya un tiempo desproporcionado (diez, quince, hasta veinte años!). Me parece que eso ya es ser uno demasiado conchudo y desconsiderado, y por eso sigo luchando para no terminar así o en condiciones peores.
Mientras no me resigna, seguiré buscando empleo. Un empleo digno, es lo único que pido. En donde pueda demostrar lo que sé y lo que puedo dar. También existe la posibilidad de crear empresa, pero el panorama económico nacional derrumba mis expectativas y ese es tema para otro artículo. Al menos tengo suficiente tiempo para leer lo que me gusta y escribir de lo que se me antoja. El trabajo en cierta forma esclavizaría mis ideas.

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