
Me resultó jocosa una de las ordenes del presidente a sus funcionarios el pasado fin de semana cuando en pleno consejo comunal se refirió a lo “confusa” que llegó a ser la presentación del decreto “de remiendo” de la emergencia social anunciada por el ministerio de la (des)protección social. Uribe palabras mas, palabras menos quería hacer entendible lo que a su parecer los colombianos no le entendíamos, como si se hubiera escrito primero un poema pleno de retórica rebuscada, y luego reescribirlo a uno de formas coloquiales.
Resulta entonces que los colombianos malinterpretamos el decreto que pretende salvar lo insalvable, que tal vez una institución como la academia con su ciencia y sabiduría, le resultó ilegible, complejo, demasiado lioso. Me parece que el presidente buscó una excusa muy rebuscada, para salvar el problema y retomarlo por otro ángulo. Nosotros si le entendimos, señor presidente, lo que pasa es que no nos lo creemos, ni “tragamos entero” que es otra cosa. Nos parece inadmisible convertir la salud en un favor, en un negocio más y no en un derecho y un servicio. Por algo se hizo sentir la voz de protesta el fin de semana pasado, cuando la gente salió a marchar por su derecho a una salud mínima y adecuada, a vivir dignamente con calidad.
Me imagino lo que debía de estar pensando el viceministro cuando Uribe le manda a corregir el texto a guisa de poema popular. El hombre entonces no se decidía si consultar a un nadaísta, o quizás a uno de los de “piedra y cielo”. El viceministro tal vez se acordaba de sus poemas chuecos de enamorado cuando escolar. Y se imaginaba el lío que sería embutir el galimatías propio de los decretos dentro de un soneto, como el pintoresco poema de Lope de Vega. Supongo que la cuestión seria subsanada si reclutaran poetas desempleados para componer los versos que hicieran falta.
Claro, no hay que olvidar que también el presidente es un hombre culto, dotado de un lirismo y una retórica particular y sin igual. Si no, ¿cómo podría responderles a sus detractores y enemigos públicos cuando con sus envenados argumentos le debaten y discuten sus políticas de gobierno en todos los medios? Su comprobada capacidad de réplica es evidente en su discurso, aunque algunas veces tienda a “salirse por la tangente” desviando el foco de atención, o recurriendo a variadas estrategias retóricas para confundir a su adversario, uno de los principios de cualquier guerra.
Nosotros, los ciudadanos peatones, tal vez no tengamos mucho bagaje intelectual, debido a una pobre educación. Tal vez nunca hayamos leído a Calderón de la Barca, Lope de Vega, García Lorca, Antonio Machado, Octavio Paz, Luís Vidales, Gonzalo Arango, Raúl Jattin, etc. Tal vez no tenemos cultura literaria porque nos parece mortalmente aburrido perder el tiempo leyendo un libro en la sala de espera de un hospital, o en la cola para solicitar una cita médica. Es muy probable que no sepamos distinguir una oda de una elegía, una silva de un romance o un alejandrino de una seguidilla. Pero si tenemos voz y voto popular (hasta donde nos lo permita el estado de opinión) en las decisiones del país y cuando se delega el poder que emana del pueblo se espera el bienestar mínimo para todos. Así que no necesitamos decretos en verso o en prosa, sino que se respeten nuestros derechos. Es lo mínimo.
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No se podía hacer esperar la defensa de los medios acérrimos de la “casa de Nari” como RCN, al presidente. La entrevista a Uribe por parte de la directora de noticias del canal el domingo en la mañana es una muestra más del favoritismo de estos medios amañados.

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